Este un video sobre un congreso de historia en Chiapas
espero les guste a todos
sábado, 3 de julio de 2010
Informe de Cal y Mayor a Zapata (1917)

Tengo el honor de participar a usted las novedades ocurridas a la Brigada de mi mando, porque creo estén en su poder los partes que con oportunidad le rendí.
Obedeciendo las instrucciones recibidas de ese Cuartel Gral. En el mes de Abril del año próximo pasado, donde se me ordenaba viniese a mi querido estado, para que levantara á mi pueblo en favor de la sagrada causa que defendemos, y me hiciese cargo de las operaciones militares en los estados de Chiapas, Tabasco, Campeche y Yucatán, emprendí mi marcha a Cuautla el 11 de Noviembre, no habiendo hecho antes por acatar algunas órdenes que posteriormente me dio esa superioridad y después porque el enemigo nos atacó, como Ud. sabe, en la ciudad de México y nos vimos obligados á defender á la población por espacio de 25 días motivo que hizo tardar mi expedición, llegando a Oaxaca hasta fines de diciembre de ese mismo año y tras de grandes penalidades y a costa de muchos sacrificios logré vencer.
Estaban al frente del gobierno de Oaxaca, el Lic. José Inés Dávila como Gobernador y el Lic. Meixueiro como Gral. en Jefe de as fuerzas.(12) Estos hombres de abolengo científicos y principales leasders felicistas no peleaban por nuestros ideales, sino que pretendían restablecer el orden constitucional, apelando a la llamada Soberanía del Estado.
Estaban al frente del gobierno de Oaxaca, el Lic. José Inés Dávila como Gobernador y el Lic. Meixueiro como Gral. en Jefe de as fuerzas.(12) Estos hombres de abolengo científicos y principales leasders felicistas no peleaban por nuestros ideales, sino que pretendían restablecer el orden constitucional, apelando a la llamada Soberanía del Estado.
Al siguiente día de haber llegado a Oaxaca, me apersoné con Dávila y Meixueiro y les explique los motivos que tenía al pasar por la capital del Estado y de la comisión que Usted tuvo a bien honrarme y a la vez, hacerles una visita de cortesía por el buen recibimiento y agasajos de que fui objeto en mi tránsito por los pueblos.
Me manifestaron que tenían mucho gusto de que estuviese con ellos y que me ayudarían para el éxito completo de mi expedición. Enseguida me pintaron la situación tan crítica para ellos en esos momentos, pues el enemigo por el rumbo de Miahuatlán avanzaba y que les era imposible contenerlo, porque las fuerzas que debería ir para allá aun no se acababan de organizar en Ixtlán, y mientras tanto la capital corría peligro, suplicándome a la vez, saliera a batir a los carrancistas entre tanto llegaban las fuerzas serranas, quedando libre después, para continuar mi ruta, no teniendo inconvenientes en auxiliar a nuestros aliados, que era el calificativo con que nos trataba Meixueiro, acepté.
Por espacio de tres meses, combatí al enemigo en casi toda la costa y de todo los combates también di a Usted cuenta. Los famosos serranos se tardaron mucho en llegar en mi auxilio y en todos los encuentros habidos en esa época se distinguieron por lo correlones. Viendo que el enemigo había desistido de su propósito y que me tardaba más de lo necesario, regresé a Oaxaca para recoger el resto de mi impedimenta y continuar mi marcha. Al comunicar tal determinación a Meixueiro, se molestó muchísimo, pretendiendo regañarme a lo que no di lugar.
Antes de llegar a la capital de Oaxaca, se me unió el Gral. Manuel Martínez Miranda y el Gral. Santibáñez, dejándome éste último su fuerza, porque el se fue a Morelos.(13)
Al regresar de la campaña a que me refiero, me quitó el Gobierno de Oaxaca a dichas fuerzas, empleando para ello una política muy sucia.
Por agentes de dicho Gobierno trataron de comprarme todo mi armamento, ofreciéndome en obsequio una hacienda y un chalet en la Capital, en la inteligencia de que pondría precio a mi elementos de guerra pagándomelos en oro, asegurándome Meixueiro ue quedaría con el mando de la Brigada.
Viendo al situación tan crítica por la que atravesaba, decidí salir de Oaxaca a toda costa, donde constantemente el Gobierno trataba de conquistar a la tropa a mis jefes.
Encontré en Oaxaca al Ing. Adalberto Hernández, ex-subsecretario de Agricultura de la Soberana Convención Constitucionalista Revolucionaria, personaje misterioso que solía frecuentar grandes conferencias con los felicistas en unión del Gral. Eguía Liz.
El Ing. Hernández se expresó duramente de nosotros, pronosticándome la creación de un nuevo partido de salvación de nuestra patria, aconsejándome dejara el Zapatismo. Eguía Liz me indicó que traía comisión reservadísima suya y eso motivaba sus pláticas con el gobierno y se trataba nada menos que de proclamar la Soberanía de todos los Estados y que a él se le había encomendado poner de acuerdo a Usted con los de Oaxaca, y al verme a estos lugares debería hacer lo mismo, contando con elementos que me llegarían oportunamente.
Viendo Meixueiro que nada conseguía conmigo trató de desarmarme, pero cupo la casualidad en esos días, el avance rápido del enemigo a Tlacolula, distante a 8 leguas de la capital y entonces se me suplicó saliera a contenerlos, y de este modo pude desembarazarme de nuestros enemigos, porque ya no me detuve, continuando hasta el Istmo.
Debo hacer de su conocimiento que poco antes de salir de Oaxaca, fue desarmado y asesinado el Gral. Manuel Alvarado, perteneciente a la División del Gral. Aguilar, en
Ejutla, nada más porque no estaban de acuerdo con los planes de Meixueiro y la misa suerte hubiese corrido si no me pongo listo. (14)
Todo el tiempo que estuve entre los reaccionarios pude observar el odio de Meixueiro tiene al Gral. Aguilar y después, a Almazán y los planes que le puse para ver si desaparecía, no logrando su objeto, y con este propósito deseo que le sirviese de instrumento, oponiéndome terminante.
Si fue dificultosa mi llegada a Oaxaca, no lo fue menos mi arribo al Istmo. Los caminos muy quebrados, los serranos en mi persecución y los carrancistas interponiéndose a mi paso, hizo que me viera precisado a abrir brechas para burlar a mis enemigos y remontarme por algunos días en el Jimpoaltepetl, para perder de vista a mis perseguidores y que descansara y repusiera mi fuerza.
Varios de mis oficiales y jefes que habían sido minados por los felicistas, se pasaron con ellos y otros como los Grales. Alfonso y León León, de origen guerrerense me traicionaron en momentos que marchaba a volar el ferrocarril de Tehuantepec. Viéndome solo y temeroso de que mi artillería cayera en poder del enemigo, que hasta entonces la había conservado, resolví enterrarla, haciéndolo con las precauciones necesarias y tengo la seguridad de no ha caído en poder del enemigo, y no está lejano el día en que lo recupere. Esto se llevo a efecto en las inmediaciones de Rincón Antonio.
Permanecí algún tiempo operando en el Istmo donde derroté al enemigo en varios encuentros, fusilando algunos jefes carrancistas, contándose entre ellas a un Tnte. Cor. Rueda, a quien le repartí su hacienda a los trabajadores y al pueblo de Santa María Gienagati. Volé los dínamos que dan luz a Sn. Jerónimo, porque el agua que movía dichos dínamos, se las quitaba desde hacía mucho tiempo a cinco pueblos, que en las secas se veían precisados a comprar el precio del líquido.
El día dos de abril tomé la Hacienda de Sn. Pablo, y pueblos de Unión, Hidalgo y Niltepec, donde el enemigo me derrotó completamente, a consecuencias de que el Tnte. Cor. Abelardo Medina Veytia, que mandaba una sección de ametralladoras se pasó con el enemigo y cuando el debía protegernos nos hizo fuego, lo que vino a contribuir que otros muchos soldados se pasasen también. En este combate perecieron muchos soldados, oficiales y el Tnte. Cor. Durán, quien se portó heroicamente, pudiendo hacer mi retirada con poco más de 100 hombres.
Encontrándome verdaderamente acosado por más de tres mil hombres de caballería carrancistas y poco más de mil infantes, me vi precisado a remontarme en un cerro, cerca de la hacienda de Regadillo, a inmediaciones de Ganatepec, y ahí me cojió completamente el enemigo y ya cuando ellos llegaban cerca de nosotros, ordené bajar a toda carrera sobre mis sitiadores, a quienes desconcerté y una vez que me vi en el plan, arrebaté de los soldados que, cuidaban la caballada enemiga, los suficientes para montarnos, porque todos nosotros estábamos a pie desde Niltepec y de este modo pudimos salvarnos llegando a los tres días a La Gineta, punto de la Sierra Madre que divide Chiapas de Oaxaca y de este lugar ya me pude orientar, no que en todo el camino por el que atravesé me era totalmente desconocido, guiándome únicamente por la vía. Mas antes, es verdad que traía planos sirviéndome de ellos en toda la expedición, pero una noche cerca de Sn. Jerónimo, se extravió una mula de la impedimenta donde venían.
Desde el Istmo vine recogiendo noticias de que existían revolucionarios villistas en Chiapas y procuré a toda costa averiguar en que lugar del estado se encontraban, desgraciadamente antes de llegar a ellos, caí con todos los míos en una emboscada en la hacienda llamada Puebla que está al pie de La Gineta. Aunque peleamos con arrojo tuve que lamentar la perdida de varios oficiales e individuos de tropa, unos muertos y otros prisioneros, al Gral. Vicente Estrada, que cayó en poder el enemigo; siendo fusilado en la fábrica de “La Providencia”.
El Gral. Estrada fue Jefe de Estado Mayor de mi Brigada, desde la segunda toma de la Ciudad de México, por nuestras fuerzas y siempre se distinguió por su valor y buena organización que dio a la expresada. De éste descalabro únicamente se salvaron 20 soldados, el Gral. Eustaquio Durán, Jefe del 1º. Rgmto de Tepoztlán, Mor., el Gral. Pedro de la Garza, Jefe de la Escolta y después del 2º. Rgmto de Tamaulipas y yo.
Diecisiete días anduve por las montañas llegando cerca de Sn. Nicolás, finca de mis padres donde habían 400 carrancistas de destacamento. Mi papá me informó de la zona que recorrían los villistas y del camino que debía seguir, teniendo que atravesar al Edo, porque se encontraban en la frontera de Guatemala.
Increíble era mi situación por aquellos días, todos a pie sin ropa por haber perdido la caballada en el combate de Puebla, cansados apenas podíamos dar paso, sin embargo de esto, y de las proposiciones que los carrancistas me hacían de ascender al grado inmediato, de ir a organizar una División a México y otras muchas cosas, que rechacé enérgicamente, prefiriendo morir a rendirme, nunca pencé retroceder ante la tarea que me había trazado al venir a Chiapas.
Difícil será narrarle los tropiezos que tuve en esos días al acercarme a los Villistas, logrando tener mi primer contacto en la hacienda Mexiquito, el 1º. de Mayo de donde se encontraba el Gral. Brigadier Tiburcio Fernández, con su fuerza y la del Gral. Tirzo Castañón. El Gral. Fernández venía de Comitán, plaza que acababan de tomar; encontrándose ausente el Gral. Castañón porque se había dio a Guatemala, después de la toma de Comitán en unión del Cor. Agustín Castillo. El Gral. Fernández, hacendado del Edo, antiguo compañero de escuela y por lo tanto amigo de infancia le fue muy grata mi llegada y espontáneamente la fuerza vitoreó el nombre de Ud. y con regocijo, oyeron lo que les dije al hablarles de su representación, explicándoles cuales era la causa que usted perseguía desde hace muchos años, la misma que más tarde reconoció y defiende hasta la fecha el Gral. Villa y dado que ellos eran Villistas, deberían tener la seguridad de que contarían con un puñado de hermanos zapatistas, que junto con ellos, sabrían llegar al triunfo o morir en holocausto de la victoria.
El jefe de estado Mayor del general Fernández que lo era por ese entonces el Cor. Rodulfo Gamboa, juró solemnemente adherirse a nuestros ideales, siendo en lo general el sentir de la tropa, lo mismo que de la oficialidad, distinguiéndose entre ellos el Cap. 1º. Vicente Montecinos y el Cap. 2º. Julio César Montecinos. El Gral. Fernández viendo que toda su gente se volvió Zapatista, me engañó haciendome creer que él también estaba sugestionado por nuestra causa.
Llegué a Mexiquito con el Gral. De la Garza, dos soldados y Cap. Cleofás Hernández de Tepoztlán Mor. no habiéndolo hecho el Gral. Durán y demás soldados porque estaban muy enfermos, a quienes dejé en la hacienda de Sta. Bárbara, que era lugar seguro y a donde podrían restablecer, entre tanto regresaba de conferenciar con los Villistas.
Fernández me manifestó que desde luego nos uniéramos el efecto marcharíamos a recoger al Gral. Durán, no firmando en el acto la protesta del Plan de Ayala, porque deseaba hacerlo en unión de Castañon y de Castillo.
El día 5 de mayo llegamos a la Concordia, y como primeros pasos del Zapatismo en Chiapas, determiné reunir al pueblo, efectuándolo el día 16 que nombre la autoridad Municipal, haciéndoles ver la causa Zapatista y la trascendencia de que en nuestro estado tendría en lo futuro, que yo había sido mandado por usted a fin de reivindicar a lo pobres que por tanto tiempo han estado esclavizados por los hacendados científicos y caciques. Luego todos se quejaron del despojo de sus ejidos por los hacendados, por lo que me determinó levantar una acta, donde constaba el reparto de cuatro haciendas que la revolución hacía a favor del pueblo de la Concordia y al efecto, en acto solemne marché con todo el pueblo a las haciendas de referencia y les di posesión, autorizandolos para que trabajaran disfrutando de los bienes muebles existentes.
Al terminar el acta de presentó el Gral. Fernández y al enterarse de lo sucedido, manifestó que se sentía Zapatista, me elogió mi procedimiento y hasta firmo el acta de la que le mando copia para constancia de ese Cuartel Gral. También al concluir la ceremonia, llegaron oportunamente procedentes de Guatemala, Castañon y Castillo y con verdadero asombro se enteraron del primer reparto de tierras hecho por los zapatistas en el Edo. De Chiapas, diciendo Castillo a Castañon y a Fernández en publico que yo sería más tarde cuchillo de ellos.
Después de saludar a estos sujetos y contarles los pormenores de mi expedición, pasamos de lleno a tratar los asuntos de la revolución. Este día al que me refiero no pudo ser mas acalorada la discusión, llegando el momento que Castañón, lleno de infulas manifestó que él no era Zapatista, ni villista, que peleaba unicamente porque los carrancistas salieran del Estado. Fernández le dijo que él era un simple soldado de la patria. Castillo no habló. Aplazamos para el siguiente días nuestras pláticas. Entretanto yo conversaba con el pueblo y la tropa, mostrándose todos ellos felices por tener en su seno a los zapatistas que traían la redención del desheredado mexicano.
Es del todo indispensable que usted sepa que al llegar al estado fue tan escandaloso este hecho, que Guatemala mandó dos coroneles en representación del Gobierno, a fin de serciorarse de la importancia que tenían los revolucionarios de chiapances, porque necesitaban saber de la garantía que Guatemala tenía al dar elementos de guerra a los revolucionarios y también para convencerse si era cierta mi venida del interior, pues se decía en la prensa de la vecina República del Sur, que yo había llegado en auxilio de los Villistas.
El día 15 de mayo levanté la acta que adjunto á usted, y por ella verá cuales fueron mis intenciones al hacerlas firmar, era bajo todo punto de vista necesario que mis paisanos dieran color y así saber a que atenerme y más aun, considerando el carácter y antecedentes científicos de estos generalitos quise comprometerles a que mañana o pasado no cambiasen de chaqueta, y a éste fin en el acta de referencia, y en una cláusula de tantas, se previene que ninguno de nosotros podría entrar en tratados con el enemigo u otra fracción cualquiera, que ni fuese Zapatista o Villista. Teniendo en cuenta que Castañon desde que se levantó en armas, á principios de 1915, a consecuencias de que los carrancistas pusieran en libertad a los mozos y como Castañon era uno de los tantos negreros, se sintió ofendido y empuñó la armas, yendose a refugiar y desde esa fecha solo se ha dedicado a robarse el ganado quitando la riqueza del Estado, bienes que se han logrado escapar de la rapiña carrancista, y por este motivo, asenté en otro artículo del acta a que me refiero; que ninguno de los tres Grales. aisladamente, podiamos hacer operaciones financieras, sin el consentimiento de los otros dos.
Al cambiar las primeras impreciones con los enviados de Guatemala, noté la sorpresa que les causó, al hablarles de la unión Zapata Villista, e imprudentemente guiados por el propio impulso me dijeron que el Presidente Estrada Cabrera cultivaba buenas relaciones con Estados Unidos de América y por los tanto tenían la seguridad de que sus gobiernos, no cambiarían de la política que se habia trazado, desde el principio, pues estaban seguros que ningún gobierno revolucionario actual podría traer la paz en México, sino era uno, que por su prestigio y apoyo de los Estados Unidos se pusiera al frente de la revolución, restableciendo el orden constitucional, creyendo ellos que el futuro Presidente de México fuese Felix Díaz, porque era el hombre indicado y por tener la confianza del Gobierno Americano y que también esto era el sentir de Estrada Cabrera.
Pasando después a felicitarme, porque (aludiendo a Felix Díaz) teníamos de candidato a un hombre, que como su tío, haría la paz por muchos años. En contestación a éste absurdo, les di copia de cada una de las actas levantadas en La Concordia, pocos días antes. Advirtiendo á Ud. Que el acta donde haciamos más patente la unión Villa-Zapatista, y que creyeron Castañon, Fernández y Castillo que sería netamente reservada y al enterarse los Coroneles Guatemaltecos de el acto no dejaron de mostrar su enojo, diciendo el uno al otro, entonces se nos engaña!.
Nosotros los zapatistas, Sres. Coroneles, les dije: peleamos desde 1910 por los ideales que se encuentran sintetizados en el Plan de Ayala y que responden a las justas aspiraciones del pueblo de mexicano y no engañamos a nadie, antes lo contrario, hacemos cuanto esta de nuestra parte en explicar quienes nos oyen, los motivos de ésta gran revolución agraria.
Se afirmó en toda la prensa extranjera, me replicaron los coroneles que las tropas que militaban a las ordenes de los Grales. Zapata y Villa peleaban ahora por el Gral. Díaz. Es un error señores Coroneles creer que los hombres que peleamos desde hace algun tiempo por la reforma sociales de nuestro país, sostengamos mañana o pasado la personalidad de Felix Díaz, que con solo ver sus antecedentes, vemos al eterno enemigo de nuestra causa.
Entonces (volviendo a insistir) como es, que la mayor parte de los Grales. Federales se encuentran en Guatemala., haciendo propaganda felicista, siendo que en su totalidad pertenecieron a las fuerzas del Gral. Villa como el Gral. Medina Barrón, que es el encargado del Gral. Díaz para impulsar la revolución en los Edos del Sur? Es muy fácil de explicarse esto, Srs. delegados. Las revoluciones que como la actual, duran para triunfar varios años, hacen que se depure los hombres y más aún, cuando ha habido alguna dictadura larga, los hombres que en éste periodo sirven a los gobiernos se corrompen; resultando la degeneración de los ciudadanos y para volver a sus pasos la sociedad, necesita de estas convulsiones que hacen desaparecer los organismos dañados.
Al entrar nosotros en México en 1914, el Gral. Villa llevó consigo al elemento corrompido federal, creyendo que se regeneraria a su lado y pronto se desengañó de su error, porque todos los federales de la escuela porfiriana, no pudiendo resistir a uno o dos descalabros de la Divición del Norte y viendo que ellos no controlaron el mando de las fuerzas del Gral. Villa como lo pretendieron, en masa lo traicionaron, yendose a refugiar al lado del eterno fracasado de las revoluciones de México, Felix Díaz.
Con estos cambios de impresiones bastó para que los representantes de Cabrera retornaran a Guatemala violentamente, pretestando que su gobierno les había limitado el tiempo. Castañon, Fernández y Castillo no supieron explicarse de éste incidente, el caso es que Medina Barrón ya no pudo adquirir los elementos de guerra que tenía en tratos con el gobierno de Guatemala y los llamados Villistas de Chiapas se han quedado esperando hasta la fecha dichos elementos. (15)
A la par de que esto acontencía, circularon en toda la parte dominada por los llamados Villistas proclamas de Felix Díaz firmadas en tierra Blanca, con el lema de Paz, Libertad y Justicia, a igual de la llamada Soberanía del Edo. De Oaxaca. E nmi poder cayeron veinte mil manifiestos de Felix Díaz que los rompí públicamente en presencia de los felicistas.
A raiz de la llegada de los carrancistas al Edo. Hubo un levantamiento zapatista encabezada por el coronel Virgilio Culebro, de origen Tuxtleco, pero desgraciadamente fue asesinado en la Concordia por el traidor Tirso Castañon. (16) El Coronel Culebro, de ideas netamente Zapatistas, se distinguió en el corto tiempo que operó con nuestra Bandera, que por su arrojo y pericia militar. De la fuerza que el llego a organizar, solamente siguieron fieles los hermanos Montecinos y el Cor. Gamboa de los que ya le hable.
Viendo Castañon, Fernández y Castillo que mi fuerza aumentaba de dia y los pueblos enteros se levantaban a favor del Zaptismo y que no podían llevar a cabo a sus maquinaciones felicistas, intentaron asesinarme varias veces engañándome en una de tantas, para que fuese a la frontera de Guatemala a recibir armamento y municiones, pudiendo dejar con Fernández mi fuerza, y cuando llegué a (Nentón, Guatemala), se me hizo aprehender para ser fucilado por acusarme de revolucionario guetmalteco, pero enterado de lo que pasaba, huí en la noche abandonando a mi acusador Tirso Castañon.
Cuando regresé al lado de mi fuerza, únicamente el Gral. Durán, el Cor. Gamboa, hermanos Montecinos y el Gral. De la Garza habían permanecido fieles a nuestra causa, habiéndose pasados todos con Tiburcio Fernández porque este propaló la noticia de que me había ido al extranjero, diciendo a la tropa que lo debía reconocer como Jefe, dadoq ue era hijo del Estado y no irse con los Grales. Durán y de la Garza porque no eran de aquí y no los conocían. Y otras muchas intrigas propias de la bajeza felicista, pusieron en juego para desprestigiar nuestra causa.
El Ex-Federal Medina Barrón escribió desde Guatemala a Castañon y Fernández, ordenándoles proclamaran la soberanía del Edo., debiendo quedar, como gobernador el primero y de comandante militar el segundo, proclamando desde luego y a cualquier sacrificio la eliminación de los zapatistas, porque desde el traidor de Felix díaz no tardaría en llegar por estos rumbos y ponerse al frente de los reaccionarios y era todo indispensable contar para este fin con todos los revolucionarios incondicionalmente. (17)
Fernández y Castillo me invitaron para que con los jefes y fuerza que me quedaban asistiera a una junta general que tendría verificativo en “Espíritu Santo” con el objeto de nombrar al gobierno del estado. Les contesté que el Plan de Ayala, previando éste caso, era muy explícito en los arts. 12 y 13 y si tenían alguna duda podían recurrir a él para mejor orientación.
Viendo ellos mi oposición a sus pretenciones trataron de asesinarme, logrando escapar yéndome a reunir con el resto de mi gente en la “Frailesca” que aunque en mi ausencia trataron de voltearla, esta permaneció fiel.
Antes de estos acontecimientos hice algunas giras por los departamentos de Tuxtla, La Libertad, Sn. Bartolo, y Comitán, logrando tomar la plaza de Ocozocuautla donde el Gral. Pedro de la Garza quitó al enemigo 40 carabinas 30-30 parque y caballos lo que vino a contribuir el odio tan terrible que mis fuerzas adquirían a cada momento con los felicistas, llegándome hacer éstos una guerra sin cuartel.
Los hacendados que se llamaban Villistas también, se volvieron mis peores enemigos, al enterarse de que yo venía repartiendo todas las haciendas, diciendo que los carrancistas les habían quitado los mozos poniéndolos en libertad y los zapatistas repartiendo sus fincas y que, en tan difícil situación que sería de ellos?
Viéndome enteramente acosado por los carrancistas y los felicistas, determiné dividir en dos guerrillas mi fuerza, una al mando del Gral. De la Garza y la otra a mis ordenes. El Gral. De la Garza debería marchar a Ganatepec, Tapana y tomar Jalisco, haciendo la propaganda necesaria popr esos rumbos, instalando sus campamentos en la Gineta, y yo dirigirme a Pichucalco y Tabasco para impulsar la revolución en aquella zona, uniéndonos a mi regreso en sus campamentos.
El Gral. De la Garza, hizo una brillante expedición, y deseando verse conmigo regresó a la zona felicista con una escolta de 30 hombres para ver que datos tenía de mi. En la hacienda de Sn. José del felicista Castañon el enemigo de los atacó en número de 300 duramente, entablándose un tiroteo de 7 horas de duración, logrando escapar con los suyos, después de causar a los carrancistas muchas bajas pernoctando en la hacienda de Sta. Bárbara.
Agustín Castillo que desde hacía varios días le estaba preparando un celada, llegó a Sta. Bárbara con 200 hombres en calidad de compañero, quién aplaudió su valor y arrojo. Castillo invitó a almorzar al Gral. De la Garza y una vez que estuvo en su Cuartel lo asesinó villanamente desarmándole su escolta.
Al partir á Pichucalco, tuve que dejar en Sta. Bárbara al Gral. Durán con 10 soldados del H. Edo. de Morelos y soldados de aquí, porque en momentos de salir su caballo se desbocó, rodándose en un barranco, causándole la abertura del pecho, por lo que no pudo continuar conmigo.
Al llegar el traidor Castillo a Sta. Bárbara hizo prisionero al Gral. Durán quien se encontraba sumamente grave, llevándoselo con los suyos a la frontera, donde permanece actualmente y a pesar de los sacrificios que hago por rescatarlo, no he podido conseguirlo.
En mi marcha por el Departamento de Pichucalco tuve que atravesar el de Mescalapa donde encontré al llamado Coronel Edmundo Osorio, que se acababa de levantar en armas. Le hice ver los ideales nuestros y habiéndome jurado defender el Plan de Ayala, lo incorporé á mi columna continuando mi camino para Pichucalco, llegando a Ixtacomitán, pueblo que dista 10 kilémetro desde ese plaza, adonde dispuse y ordene la marcha por la noche a Pichucalco para caerle al enemigo al amanecer, pero desgraciadamente los carrancistas tuvieron noticia de mi aproximación y salieron a mi encuentro teniendo el primer contacto a medio camino a la madrugada, viéndome obligado a replegarme a Ixtacomitán y esperar al enemigo que me atacó a las siete de la mañana el 5 de Agosto, pero logré retrocederle derrotándolo completamente. En esos momentos disponía perseguir al enemigo, cuando se me dío aviso de un complot que Osorio había tramado contra nosotros por lo que determiné desarmarlo a él con todos los suyos, motivo por el cual suspendí momentáneamente mi avance á Pichucalco.
Osorio, hacendado del Departamento de Mescalapa, se había levantado en armas en combinación de los felicistas, pero habiéndole descubierto muy pronto su traición, le desarmé en la hacienda “La Libertad,” distante 30 kilómetros de Pichucalco, permaneciendo ahí por espacio de 15 días.
Sabedor de que existían en el Departamento Y Tabasco, revolucionarios encabezados por los jefes Ramón Ramos y Juan Hernández, procuré a toda costa ponerme en contacto con ellos. Dichos Jefes están levantados en armas desde 1910 y aunque no tenían bandera definida comprendí que peleaban por la redención de la clase menesterosa, así es que no vacilé ni un solo momento en invitarles para que tuviéramos unas conferencias y de ésta manera atraerlos a nuestra causa.
No bien mandado los correos cuando el voluntariamente el Coronel Hernández se presentó en mi campamento de “La Florida,” donde se le hizo una cariñosa recepción por parte de mis fuerzas. En las primeras impresiones que cambié con él, comprendí que era un hombre humilde, completamente, sin ambiciones bastardas, por lo que me inspiró una confianza absoluta y por lo tanto empecé desde luego á explicarle cuáles eran los motivos e ideales del Zapatismo, manifestándole a la vez, demás, la misión que me había Ud. Conferido y cuando se sercioró bien de cuales eran nuestros ideales, con verdadero gusto hizo la protesta del Plan de Ayala, en unión de su oficialidad (de al cual mando copia) adhiriéndose por lo tanto al Ejército Libertador por lo que tuve a bién extenderle su nombramiento como Gral. Brigadier y darles despachos firmados por mi a todos sus oficiales, quedando desde luego incorporados a mi Brigada. Esa misma fecha ascendí a Gral. Brigadier por su fidelidad y buenos servicios prestados a la causa al coronel Rodulfo Gamboa.
Luego que el Gral. Hernández regresó por orden mia a sus campamentos, llevándose al felicista de Osorio en calidad de prisionero, empesó a sufrir deserciones de parte de algunosde sus oficiales, encabezados por Osorio, que se fugó siendo en su totalidad hacendados que se le habían incorporado únicamente por estar sentidos con los carrancistas que habían puesto en libertad a sus sirvientes y luego que vieron que los principios por los que peleaba el referido Gral., después de conferencias que tuvo conmigo eran contrarios a sus aspiraciones, lo traicionaron, quedando únicamente con soldados pertenecientes en su totalidad a la clase pobre; más no por esto desmallado sino que por el contrario sigue peleando con mas fé porque la gente que antes tenía se le han depurado, quedándole los verdaderos revolucionarios.
El C. Gral. Ramón Ramos, oriundo del Estado de Tabasco, abrazó con verdadero entusiasmo las armas en 1910, por circunstancias especiales, el Gral. Ramos se retiró a la vida privada al triunfo del Sr. Madero. Viendo el mencionado Gral. Que todas las promesas de la revolución e 1910 había fracasado, burlándose de ésta manera el Sr. Madero del pueblo, que supo elevarlo á la Presidencia, volvió a empuñar las armas a raiz del cuartelazo dado por el traidor Huerta y engañado por Carranza tomó participio en las fuerzas de éste, pero viendo que los carrancistas seguían las huellas de todos los gobiernos que han esclavizado al pueblo, se volvió a lanzar a la lucha abiertamente contra él, orientándose de una manera definitiva con mi llegada a estos lugares. Con misma fecha que ascendí al Gral. Gamboa y al Gral. Hernández mandé nombramiento de Brigadier al Gral. Ramos los mismo que despachos para su oficialidad.
En días pasados llegó a este Campamento el Tnte. Coronel José María Luna, a quien mandé especialmente a entrevistar al Gral. Ramos, dándole las instrucciones que tuve a bien mandarlo así como ejemplares del Plan de Ayala, para que los hiciera circular en la zona que opera. El Tnte. Cor. Luna me trajo correspondencia y documentos que demuestran palpablemente el carácter del Gral. Ramos, humilde de nacimiento, sin ninguna instrucción, valiente hasta la temeridad y verdadero ciudadano Mexicano que se ha sabido identificar ante mí como un verdadero luchador de las sagrada causa que defendemos.
El Tnte. Cor. José María Luna de Tabasco y sobrino del Gral. Ramos ha estado luchando desde hace mucho tiempo por la misma causa, quien está a mi lado y es uno de tantos Jefes que prestan muchas esperanzas.
Hasta ahora mi Gral. me parece que el destino empieza a recompensar nuestros sacrificios, pues después de muchas traiciones y penalidades infinitas que han venido depurando mis Jefes y soldados me he venido a encontrar con un grupo de hombres netamente Zapatistas y que tienen fé ciega en nuestra causa y se sienten orgullosos al morir por ella. Puedo asegurar a usted que entre todas mis fuerzas cuento con poco más de dos mil hombres siendo los principales Jefe, los Grales. Gamboa, Ramos y Hernández, coronel Fidel Ramos, Tenientes Coroneles Cleofás Hernández, hermanos Montecinos, José María Luna, Sebastián Fones, Israel de Dios y Froylán Flores y otros muchos como usted verá e la protesta del Plan de Ayala que le adjunto.
Por no creerlo prudente no digo a usted las operaciones militares que voy a efectuar éste año, teniendo la seguridad de dominar los estados que esa superioridad tuvo a bien encomendarme. Mando a usted dos decretos uno sobre los papeles de Carranza y otro respecto a la repartición de tierras en los estados de mi jurisdicción que he expedido apegándome a los ideales del Plan de Ayala.
Viendo que el enemigo se acumuló en gran número en la plaza de Pichucalco, decidí regresar a la Frailesca, para recoger el resto de mis fuerzas y atacar la plaza de Tuxtla Gutiérrez, pero la fatalidad vino a hacer que mis brazos derechos, los Grales. De la Garza y Durán fueron fueron villanamente traicionados por el picaluga * de Castillo, marchando así a mi querido Edo. donde jamás había existido un traidor, pero nosotros juramos a usted mi Gral. reivindicar a nuestro Edo. a la marcha que le dieron los esbirros científicos de Castillo, Castañón y Fernández.
Solamente la fé ciega que tengo a la causa que perseguimos pudo hacer que sufriese este descalabro, que para mi ha sido el dolor más grande del mundo; mis jefes oficialidad y toda mi tropa recibieron un golpe muy rudo al enterarse de la traición de lo que científicos y hacendados. Pues en los pocos meses que tenían mis jefes de estar operando en el Edo. el Gral. de la Garza se había conquistado la simpatia de todos nosotros por su valor, arrojo y actividad en las operaciones militares y el Gral. Durán que se identificaba en su manera de obrar, con la clase menesterosa se llevaba todas las simpatias del pueblo tras él. Y los hombres únicos fieles que permanecieron a mi lado luchando siempre con arrojo llegando a vencer después de miles de dificultades en la travesía a ésta, me los arrebató el destino. El pueblo de la Frailesca al verme con el resto de mis fuerzas se sintieron completamente conmovidos al participarme el asesinato del Gral. de la Garza, jurándome a la vez que me acompañarían hasta vencer o morir.
El Gral. Rodulfo Gamboa me manifestó que toda su familia estaba en poder de los felicistas y se les amenazaba si él no se pasaba inmediatamente con ellos. Mi Gral. me dijo: mi único amor en la vida es mi hijo y mi sra. Que están en estos momentos en rehenes y tal vez sacrificados por nuestros enemigos, pero me impone el deber de mexicano pelear por la redención de nuestro querido pueblo, creando así nuestra patria, para que mañana o pasado mi hijo con orgullo pueda decir que su padre jamás ha sido un traidor; que hoy más que nunca se sentía con valor de seguir ésta lucha porque convencido de los ideales del Plan de Ayala, quería vivir únicamente pára pelear por la sagrada causa.
Todos los felicistas al saber mi aproximación, corrieron como gamos a las frontera pudiendo hacerles algunos prisioneros, quitándoles armas y caballos y desde ésta vez he seguido una nueva lucha entera y franca contra los eternos enemigos de nuestra causa, los científicos y hacendados y yo con todos los mios nos consideramos felices con el hecho de atacar los felicistas. Jamás he peleado con la fé y entusiasmo que lo hago hoy pues considero al felicismo como nuestro futuro enemigo. De la Frailesca retorné al Departamento de Mescalapa dominándolo completamente por espacio de cuatro meses, donde repartí las haciendas existentes a los pobres yendose los hacendados a incorporarse unos con Carrnaza y otros con los felicistas o llamados villistas, estableciendo mis campamentos en lugares completamente inaccesibles para el enemigo , colindando de esta manera con los Edos. De Chiapas, Tabasco, Oaxaca y Veracruz. Están de cierta manera establecidos mis campamentos, que cualquiera que sea el número del enemigo nunca podrá salir de aquí en caso de que llegasen a entrar.
En meses pasados el enemigo vino con mucho entusiasmo a atacarme á Mescalapa, pero por más que hice para que me creyeran derrotado y hacerlos entrar de ésta manera a mi guarida no lo pude conseguir.
Adjunto a usted plano detallado de mis campamentos y los enviados le dirán á usted los detalles que omito decirle.
A cada uno de mis soldados les he dado su parcela de terreno a fin de que lo trabajen mientras estamos en los campamentos teniendo además sus armas.
Todos los días se les dá instrucción militar a fin de desciplinarlos lo que me ha dado un éxito completo, pues nada menos hace seis días mandé al Gral. Gamboa al mando de las fuerzas a atacar la plaza de Quichula y verdaderamente quedé admirado del valor y disciplina de mis fuerzas, que por medio de los movimientos que ejecutaron con una precisión matemática lograron poner en vergonzosa fuga a los carrancistas quitándoles armas, parque, caballada y hacerles algunas bajas, después de un ligero tiroteo.
Con esto mi Gral. termina éste ligero informe donde verá Ud. mis trabajos hechos en favor de nuestra causa y sí como espero son de su aprobación crea Ud. que me encontraré verdaderamente felíz; y si no suplico á Ud. me de las instrucciones necesarias, a fin de encaminar mis pasos coronando de ésta manera el éxito de nuestros esfuerzos, con la pronta realización de nuestros ideales.
Aprovecho ésta oportunidad para hacerle presente mi subordinación y respecto.
Campo Revolucionario de Pozo Colorado as los 25 días del mes de Diciembre de 1916. El Gral. de Brigada Cal y Mayor.
Es copia de su original.
Benjamin, Thomas
UNA HISTORIA POCO GLORIOSA: INFORME DE RAFAEL CAL Y MAYOR AL GENERAL EMILIANO ZAPATA, 1917
Historia Mexicana
Revista Trimestral publicada por el Centro de Estudios Históricos
El Colegio de México
Vol. XXXII, Abril-Junio 1983, No. 4, Pp. 597-620.
México, DF., 1983
PLAN DE AYALA
12º. Una vez triunfante la Revolución que llevamos a la vía de la realidad, una junta de los principales jefes revolucionarios de los diferentes Estados, nombrará o designará un Presidente interino de la República, que convocará a elecciones para la organización de los poderes federales.
13º. Los principales jefes revolucionarios de cada Estado, en junta, designarán al gobernador del Estado, y este elevado funcionario, convocará a elecciones para la debida organización de los poderes públicos, con el objeto de evitar consignas forzosas que labren la desdicha de los pueblos, como la conocida consigna de Ambrosio Figueroa en el Estado de Morelos y otros, que nos condenan al precipicio de conflictos sangrientos sostenidos por el dictador Madero y el círculo de científicos hacendados que lo han sugestionado.
Me manifestaron que tenían mucho gusto de que estuviese con ellos y que me ayudarían para el éxito completo de mi expedición. Enseguida me pintaron la situación tan crítica para ellos en esos momentos, pues el enemigo por el rumbo de Miahuatlán avanzaba y que les era imposible contenerlo, porque las fuerzas que debería ir para allá aun no se acababan de organizar en Ixtlán, y mientras tanto la capital corría peligro, suplicándome a la vez, saliera a batir a los carrancistas entre tanto llegaban las fuerzas serranas, quedando libre después, para continuar mi ruta, no teniendo inconvenientes en auxiliar a nuestros aliados, que era el calificativo con que nos trataba Meixueiro, acepté.
Por espacio de tres meses, combatí al enemigo en casi toda la costa y de todo los combates también di a Usted cuenta. Los famosos serranos se tardaron mucho en llegar en mi auxilio y en todos los encuentros habidos en esa época se distinguieron por lo correlones. Viendo que el enemigo había desistido de su propósito y que me tardaba más de lo necesario, regresé a Oaxaca para recoger el resto de mi impedimenta y continuar mi marcha. Al comunicar tal determinación a Meixueiro, se molestó muchísimo, pretendiendo regañarme a lo que no di lugar.
Antes de llegar a la capital de Oaxaca, se me unió el Gral. Manuel Martínez Miranda y el Gral. Santibáñez, dejándome éste último su fuerza, porque el se fue a Morelos.(13)
Al regresar de la campaña a que me refiero, me quitó el Gobierno de Oaxaca a dichas fuerzas, empleando para ello una política muy sucia.
Por agentes de dicho Gobierno trataron de comprarme todo mi armamento, ofreciéndome en obsequio una hacienda y un chalet en la Capital, en la inteligencia de que pondría precio a mi elementos de guerra pagándomelos en oro, asegurándome Meixueiro ue quedaría con el mando de la Brigada.
Viendo al situación tan crítica por la que atravesaba, decidí salir de Oaxaca a toda costa, donde constantemente el Gobierno trataba de conquistar a la tropa a mis jefes.
Encontré en Oaxaca al Ing. Adalberto Hernández, ex-subsecretario de Agricultura de la Soberana Convención Constitucionalista Revolucionaria, personaje misterioso que solía frecuentar grandes conferencias con los felicistas en unión del Gral. Eguía Liz.
El Ing. Hernández se expresó duramente de nosotros, pronosticándome la creación de un nuevo partido de salvación de nuestra patria, aconsejándome dejara el Zapatismo. Eguía Liz me indicó que traía comisión reservadísima suya y eso motivaba sus pláticas con el gobierno y se trataba nada menos que de proclamar la Soberanía de todos los Estados y que a él se le había encomendado poner de acuerdo a Usted con los de Oaxaca, y al verme a estos lugares debería hacer lo mismo, contando con elementos que me llegarían oportunamente.
Viendo Meixueiro que nada conseguía conmigo trató de desarmarme, pero cupo la casualidad en esos días, el avance rápido del enemigo a Tlacolula, distante a 8 leguas de la capital y entonces se me suplicó saliera a contenerlos, y de este modo pude desembarazarme de nuestros enemigos, porque ya no me detuve, continuando hasta el Istmo.
Debo hacer de su conocimiento que poco antes de salir de Oaxaca, fue desarmado y asesinado el Gral. Manuel Alvarado, perteneciente a la División del Gral. Aguilar, en
Ejutla, nada más porque no estaban de acuerdo con los planes de Meixueiro y la misa suerte hubiese corrido si no me pongo listo. (14)
Todo el tiempo que estuve entre los reaccionarios pude observar el odio de Meixueiro tiene al Gral. Aguilar y después, a Almazán y los planes que le puse para ver si desaparecía, no logrando su objeto, y con este propósito deseo que le sirviese de instrumento, oponiéndome terminante.
Si fue dificultosa mi llegada a Oaxaca, no lo fue menos mi arribo al Istmo. Los caminos muy quebrados, los serranos en mi persecución y los carrancistas interponiéndose a mi paso, hizo que me viera precisado a abrir brechas para burlar a mis enemigos y remontarme por algunos días en el Jimpoaltepetl, para perder de vista a mis perseguidores y que descansara y repusiera mi fuerza.
Varios de mis oficiales y jefes que habían sido minados por los felicistas, se pasaron con ellos y otros como los Grales. Alfonso y León León, de origen guerrerense me traicionaron en momentos que marchaba a volar el ferrocarril de Tehuantepec. Viéndome solo y temeroso de que mi artillería cayera en poder del enemigo, que hasta entonces la había conservado, resolví enterrarla, haciéndolo con las precauciones necesarias y tengo la seguridad de no ha caído en poder del enemigo, y no está lejano el día en que lo recupere. Esto se llevo a efecto en las inmediaciones de Rincón Antonio.
Permanecí algún tiempo operando en el Istmo donde derroté al enemigo en varios encuentros, fusilando algunos jefes carrancistas, contándose entre ellas a un Tnte. Cor. Rueda, a quien le repartí su hacienda a los trabajadores y al pueblo de Santa María Gienagati. Volé los dínamos que dan luz a Sn. Jerónimo, porque el agua que movía dichos dínamos, se las quitaba desde hacía mucho tiempo a cinco pueblos, que en las secas se veían precisados a comprar el precio del líquido.
El día dos de abril tomé la Hacienda de Sn. Pablo, y pueblos de Unión, Hidalgo y Niltepec, donde el enemigo me derrotó completamente, a consecuencias de que el Tnte. Cor. Abelardo Medina Veytia, que mandaba una sección de ametralladoras se pasó con el enemigo y cuando el debía protegernos nos hizo fuego, lo que vino a contribuir que otros muchos soldados se pasasen también. En este combate perecieron muchos soldados, oficiales y el Tnte. Cor. Durán, quien se portó heroicamente, pudiendo hacer mi retirada con poco más de 100 hombres.
Encontrándome verdaderamente acosado por más de tres mil hombres de caballería carrancistas y poco más de mil infantes, me vi precisado a remontarme en un cerro, cerca de la hacienda de Regadillo, a inmediaciones de Ganatepec, y ahí me cojió completamente el enemigo y ya cuando ellos llegaban cerca de nosotros, ordené bajar a toda carrera sobre mis sitiadores, a quienes desconcerté y una vez que me vi en el plan, arrebaté de los soldados que, cuidaban la caballada enemiga, los suficientes para montarnos, porque todos nosotros estábamos a pie desde Niltepec y de este modo pudimos salvarnos llegando a los tres días a La Gineta, punto de la Sierra Madre que divide Chiapas de Oaxaca y de este lugar ya me pude orientar, no que en todo el camino por el que atravesé me era totalmente desconocido, guiándome únicamente por la vía. Mas antes, es verdad que traía planos sirviéndome de ellos en toda la expedición, pero una noche cerca de Sn. Jerónimo, se extravió una mula de la impedimenta donde venían.
Desde el Istmo vine recogiendo noticias de que existían revolucionarios villistas en Chiapas y procuré a toda costa averiguar en que lugar del estado se encontraban, desgraciadamente antes de llegar a ellos, caí con todos los míos en una emboscada en la hacienda llamada Puebla que está al pie de La Gineta. Aunque peleamos con arrojo tuve que lamentar la perdida de varios oficiales e individuos de tropa, unos muertos y otros prisioneros, al Gral. Vicente Estrada, que cayó en poder el enemigo; siendo fusilado en la fábrica de “La Providencia”.
El Gral. Estrada fue Jefe de Estado Mayor de mi Brigada, desde la segunda toma de la Ciudad de México, por nuestras fuerzas y siempre se distinguió por su valor y buena organización que dio a la expresada. De éste descalabro únicamente se salvaron 20 soldados, el Gral. Eustaquio Durán, Jefe del 1º. Rgmto de Tepoztlán, Mor., el Gral. Pedro de la Garza, Jefe de la Escolta y después del 2º. Rgmto de Tamaulipas y yo.
Diecisiete días anduve por las montañas llegando cerca de Sn. Nicolás, finca de mis padres donde habían 400 carrancistas de destacamento. Mi papá me informó de la zona que recorrían los villistas y del camino que debía seguir, teniendo que atravesar al Edo, porque se encontraban en la frontera de Guatemala.
Increíble era mi situación por aquellos días, todos a pie sin ropa por haber perdido la caballada en el combate de Puebla, cansados apenas podíamos dar paso, sin embargo de esto, y de las proposiciones que los carrancistas me hacían de ascender al grado inmediato, de ir a organizar una División a México y otras muchas cosas, que rechacé enérgicamente, prefiriendo morir a rendirme, nunca pencé retroceder ante la tarea que me había trazado al venir a Chiapas.
Difícil será narrarle los tropiezos que tuve en esos días al acercarme a los Villistas, logrando tener mi primer contacto en la hacienda Mexiquito, el 1º. de Mayo de donde se encontraba el Gral. Brigadier Tiburcio Fernández, con su fuerza y la del Gral. Tirzo Castañón. El Gral. Fernández venía de Comitán, plaza que acababan de tomar; encontrándose ausente el Gral. Castañón porque se había dio a Guatemala, después de la toma de Comitán en unión del Cor. Agustín Castillo. El Gral. Fernández, hacendado del Edo, antiguo compañero de escuela y por lo tanto amigo de infancia le fue muy grata mi llegada y espontáneamente la fuerza vitoreó el nombre de Ud. y con regocijo, oyeron lo que les dije al hablarles de su representación, explicándoles cuales era la causa que usted perseguía desde hace muchos años, la misma que más tarde reconoció y defiende hasta la fecha el Gral. Villa y dado que ellos eran Villistas, deberían tener la seguridad de que contarían con un puñado de hermanos zapatistas, que junto con ellos, sabrían llegar al triunfo o morir en holocausto de la victoria.
El jefe de estado Mayor del general Fernández que lo era por ese entonces el Cor. Rodulfo Gamboa, juró solemnemente adherirse a nuestros ideales, siendo en lo general el sentir de la tropa, lo mismo que de la oficialidad, distinguiéndose entre ellos el Cap. 1º. Vicente Montecinos y el Cap. 2º. Julio César Montecinos. El Gral. Fernández viendo que toda su gente se volvió Zapatista, me engañó haciendome creer que él también estaba sugestionado por nuestra causa.
Llegué a Mexiquito con el Gral. De la Garza, dos soldados y Cap. Cleofás Hernández de Tepoztlán Mor. no habiéndolo hecho el Gral. Durán y demás soldados porque estaban muy enfermos, a quienes dejé en la hacienda de Sta. Bárbara, que era lugar seguro y a donde podrían restablecer, entre tanto regresaba de conferenciar con los Villistas.
Fernández me manifestó que desde luego nos uniéramos el efecto marcharíamos a recoger al Gral. Durán, no firmando en el acto la protesta del Plan de Ayala, porque deseaba hacerlo en unión de Castañon y de Castillo.
El día 5 de mayo llegamos a la Concordia, y como primeros pasos del Zapatismo en Chiapas, determiné reunir al pueblo, efectuándolo el día 16 que nombre la autoridad Municipal, haciéndoles ver la causa Zapatista y la trascendencia de que en nuestro estado tendría en lo futuro, que yo había sido mandado por usted a fin de reivindicar a lo pobres que por tanto tiempo han estado esclavizados por los hacendados científicos y caciques. Luego todos se quejaron del despojo de sus ejidos por los hacendados, por lo que me determinó levantar una acta, donde constaba el reparto de cuatro haciendas que la revolución hacía a favor del pueblo de la Concordia y al efecto, en acto solemne marché con todo el pueblo a las haciendas de referencia y les di posesión, autorizandolos para que trabajaran disfrutando de los bienes muebles existentes.
Al terminar el acta de presentó el Gral. Fernández y al enterarse de lo sucedido, manifestó que se sentía Zapatista, me elogió mi procedimiento y hasta firmo el acta de la que le mando copia para constancia de ese Cuartel Gral. También al concluir la ceremonia, llegaron oportunamente procedentes de Guatemala, Castañon y Castillo y con verdadero asombro se enteraron del primer reparto de tierras hecho por los zapatistas en el Edo. De Chiapas, diciendo Castillo a Castañon y a Fernández en publico que yo sería más tarde cuchillo de ellos.
Después de saludar a estos sujetos y contarles los pormenores de mi expedición, pasamos de lleno a tratar los asuntos de la revolución. Este día al que me refiero no pudo ser mas acalorada la discusión, llegando el momento que Castañón, lleno de infulas manifestó que él no era Zapatista, ni villista, que peleaba unicamente porque los carrancistas salieran del Estado. Fernández le dijo que él era un simple soldado de la patria. Castillo no habló. Aplazamos para el siguiente días nuestras pláticas. Entretanto yo conversaba con el pueblo y la tropa, mostrándose todos ellos felices por tener en su seno a los zapatistas que traían la redención del desheredado mexicano.
Es del todo indispensable que usted sepa que al llegar al estado fue tan escandaloso este hecho, que Guatemala mandó dos coroneles en representación del Gobierno, a fin de serciorarse de la importancia que tenían los revolucionarios de chiapances, porque necesitaban saber de la garantía que Guatemala tenía al dar elementos de guerra a los revolucionarios y también para convencerse si era cierta mi venida del interior, pues se decía en la prensa de la vecina República del Sur, que yo había llegado en auxilio de los Villistas.
El día 15 de mayo levanté la acta que adjunto á usted, y por ella verá cuales fueron mis intenciones al hacerlas firmar, era bajo todo punto de vista necesario que mis paisanos dieran color y así saber a que atenerme y más aun, considerando el carácter y antecedentes científicos de estos generalitos quise comprometerles a que mañana o pasado no cambiasen de chaqueta, y a éste fin en el acta de referencia, y en una cláusula de tantas, se previene que ninguno de nosotros podría entrar en tratados con el enemigo u otra fracción cualquiera, que ni fuese Zapatista o Villista. Teniendo en cuenta que Castañon desde que se levantó en armas, á principios de 1915, a consecuencias de que los carrancistas pusieran en libertad a los mozos y como Castañon era uno de los tantos negreros, se sintió ofendido y empuñó la armas, yendose a refugiar y desde esa fecha solo se ha dedicado a robarse el ganado quitando la riqueza del Estado, bienes que se han logrado escapar de la rapiña carrancista, y por este motivo, asenté en otro artículo del acta a que me refiero; que ninguno de los tres Grales. aisladamente, podiamos hacer operaciones financieras, sin el consentimiento de los otros dos.
Al cambiar las primeras impreciones con los enviados de Guatemala, noté la sorpresa que les causó, al hablarles de la unión Zapata Villista, e imprudentemente guiados por el propio impulso me dijeron que el Presidente Estrada Cabrera cultivaba buenas relaciones con Estados Unidos de América y por los tanto tenían la seguridad de que sus gobiernos, no cambiarían de la política que se habia trazado, desde el principio, pues estaban seguros que ningún gobierno revolucionario actual podría traer la paz en México, sino era uno, que por su prestigio y apoyo de los Estados Unidos se pusiera al frente de la revolución, restableciendo el orden constitucional, creyendo ellos que el futuro Presidente de México fuese Felix Díaz, porque era el hombre indicado y por tener la confianza del Gobierno Americano y que también esto era el sentir de Estrada Cabrera.
Pasando después a felicitarme, porque (aludiendo a Felix Díaz) teníamos de candidato a un hombre, que como su tío, haría la paz por muchos años. En contestación a éste absurdo, les di copia de cada una de las actas levantadas en La Concordia, pocos días antes. Advirtiendo á Ud. Que el acta donde haciamos más patente la unión Villa-Zapatista, y que creyeron Castañon, Fernández y Castillo que sería netamente reservada y al enterarse los Coroneles Guatemaltecos de el acto no dejaron de mostrar su enojo, diciendo el uno al otro, entonces se nos engaña!.
Nosotros los zapatistas, Sres. Coroneles, les dije: peleamos desde 1910 por los ideales que se encuentran sintetizados en el Plan de Ayala y que responden a las justas aspiraciones del pueblo de mexicano y no engañamos a nadie, antes lo contrario, hacemos cuanto esta de nuestra parte en explicar quienes nos oyen, los motivos de ésta gran revolución agraria.
Se afirmó en toda la prensa extranjera, me replicaron los coroneles que las tropas que militaban a las ordenes de los Grales. Zapata y Villa peleaban ahora por el Gral. Díaz. Es un error señores Coroneles creer que los hombres que peleamos desde hace algun tiempo por la reforma sociales de nuestro país, sostengamos mañana o pasado la personalidad de Felix Díaz, que con solo ver sus antecedentes, vemos al eterno enemigo de nuestra causa.
Entonces (volviendo a insistir) como es, que la mayor parte de los Grales. Federales se encuentran en Guatemala., haciendo propaganda felicista, siendo que en su totalidad pertenecieron a las fuerzas del Gral. Villa como el Gral. Medina Barrón, que es el encargado del Gral. Díaz para impulsar la revolución en los Edos del Sur? Es muy fácil de explicarse esto, Srs. delegados. Las revoluciones que como la actual, duran para triunfar varios años, hacen que se depure los hombres y más aún, cuando ha habido alguna dictadura larga, los hombres que en éste periodo sirven a los gobiernos se corrompen; resultando la degeneración de los ciudadanos y para volver a sus pasos la sociedad, necesita de estas convulsiones que hacen desaparecer los organismos dañados.
Al entrar nosotros en México en 1914, el Gral. Villa llevó consigo al elemento corrompido federal, creyendo que se regeneraria a su lado y pronto se desengañó de su error, porque todos los federales de la escuela porfiriana, no pudiendo resistir a uno o dos descalabros de la Divición del Norte y viendo que ellos no controlaron el mando de las fuerzas del Gral. Villa como lo pretendieron, en masa lo traicionaron, yendose a refugiar al lado del eterno fracasado de las revoluciones de México, Felix Díaz.
Con estos cambios de impresiones bastó para que los representantes de Cabrera retornaran a Guatemala violentamente, pretestando que su gobierno les había limitado el tiempo. Castañon, Fernández y Castillo no supieron explicarse de éste incidente, el caso es que Medina Barrón ya no pudo adquirir los elementos de guerra que tenía en tratos con el gobierno de Guatemala y los llamados Villistas de Chiapas se han quedado esperando hasta la fecha dichos elementos. (15)
A la par de que esto acontencía, circularon en toda la parte dominada por los llamados Villistas proclamas de Felix Díaz firmadas en tierra Blanca, con el lema de Paz, Libertad y Justicia, a igual de la llamada Soberanía del Edo. De Oaxaca. E nmi poder cayeron veinte mil manifiestos de Felix Díaz que los rompí públicamente en presencia de los felicistas.
A raiz de la llegada de los carrancistas al Edo. Hubo un levantamiento zapatista encabezada por el coronel Virgilio Culebro, de origen Tuxtleco, pero desgraciadamente fue asesinado en la Concordia por el traidor Tirso Castañon. (16) El Coronel Culebro, de ideas netamente Zapatistas, se distinguió en el corto tiempo que operó con nuestra Bandera, que por su arrojo y pericia militar. De la fuerza que el llego a organizar, solamente siguieron fieles los hermanos Montecinos y el Cor. Gamboa de los que ya le hable.
Viendo Castañon, Fernández y Castillo que mi fuerza aumentaba de dia y los pueblos enteros se levantaban a favor del Zaptismo y que no podían llevar a cabo a sus maquinaciones felicistas, intentaron asesinarme varias veces engañándome en una de tantas, para que fuese a la frontera de Guatemala a recibir armamento y municiones, pudiendo dejar con Fernández mi fuerza, y cuando llegué a (Nentón, Guatemala), se me hizo aprehender para ser fucilado por acusarme de revolucionario guetmalteco, pero enterado de lo que pasaba, huí en la noche abandonando a mi acusador Tirso Castañon.
Cuando regresé al lado de mi fuerza, únicamente el Gral. Durán, el Cor. Gamboa, hermanos Montecinos y el Gral. De la Garza habían permanecido fieles a nuestra causa, habiéndose pasados todos con Tiburcio Fernández porque este propaló la noticia de que me había ido al extranjero, diciendo a la tropa que lo debía reconocer como Jefe, dadoq ue era hijo del Estado y no irse con los Grales. Durán y de la Garza porque no eran de aquí y no los conocían. Y otras muchas intrigas propias de la bajeza felicista, pusieron en juego para desprestigiar nuestra causa.
El Ex-Federal Medina Barrón escribió desde Guatemala a Castañon y Fernández, ordenándoles proclamaran la soberanía del Edo., debiendo quedar, como gobernador el primero y de comandante militar el segundo, proclamando desde luego y a cualquier sacrificio la eliminación de los zapatistas, porque desde el traidor de Felix díaz no tardaría en llegar por estos rumbos y ponerse al frente de los reaccionarios y era todo indispensable contar para este fin con todos los revolucionarios incondicionalmente. (17)
Fernández y Castillo me invitaron para que con los jefes y fuerza que me quedaban asistiera a una junta general que tendría verificativo en “Espíritu Santo” con el objeto de nombrar al gobierno del estado. Les contesté que el Plan de Ayala, previando éste caso, era muy explícito en los arts. 12 y 13 y si tenían alguna duda podían recurrir a él para mejor orientación.
Viendo ellos mi oposición a sus pretenciones trataron de asesinarme, logrando escapar yéndome a reunir con el resto de mi gente en la “Frailesca” que aunque en mi ausencia trataron de voltearla, esta permaneció fiel.
Antes de estos acontecimientos hice algunas giras por los departamentos de Tuxtla, La Libertad, Sn. Bartolo, y Comitán, logrando tomar la plaza de Ocozocuautla donde el Gral. Pedro de la Garza quitó al enemigo 40 carabinas 30-30 parque y caballos lo que vino a contribuir el odio tan terrible que mis fuerzas adquirían a cada momento con los felicistas, llegándome hacer éstos una guerra sin cuartel.
Los hacendados que se llamaban Villistas también, se volvieron mis peores enemigos, al enterarse de que yo venía repartiendo todas las haciendas, diciendo que los carrancistas les habían quitado los mozos poniéndolos en libertad y los zapatistas repartiendo sus fincas y que, en tan difícil situación que sería de ellos?
Viéndome enteramente acosado por los carrancistas y los felicistas, determiné dividir en dos guerrillas mi fuerza, una al mando del Gral. De la Garza y la otra a mis ordenes. El Gral. De la Garza debería marchar a Ganatepec, Tapana y tomar Jalisco, haciendo la propaganda necesaria popr esos rumbos, instalando sus campamentos en la Gineta, y yo dirigirme a Pichucalco y Tabasco para impulsar la revolución en aquella zona, uniéndonos a mi regreso en sus campamentos.
El Gral. De la Garza, hizo una brillante expedición, y deseando verse conmigo regresó a la zona felicista con una escolta de 30 hombres para ver que datos tenía de mi. En la hacienda de Sn. José del felicista Castañon el enemigo de los atacó en número de 300 duramente, entablándose un tiroteo de 7 horas de duración, logrando escapar con los suyos, después de causar a los carrancistas muchas bajas pernoctando en la hacienda de Sta. Bárbara.
Agustín Castillo que desde hacía varios días le estaba preparando un celada, llegó a Sta. Bárbara con 200 hombres en calidad de compañero, quién aplaudió su valor y arrojo. Castillo invitó a almorzar al Gral. De la Garza y una vez que estuvo en su Cuartel lo asesinó villanamente desarmándole su escolta.
Al partir á Pichucalco, tuve que dejar en Sta. Bárbara al Gral. Durán con 10 soldados del H. Edo. de Morelos y soldados de aquí, porque en momentos de salir su caballo se desbocó, rodándose en un barranco, causándole la abertura del pecho, por lo que no pudo continuar conmigo.
Al llegar el traidor Castillo a Sta. Bárbara hizo prisionero al Gral. Durán quien se encontraba sumamente grave, llevándoselo con los suyos a la frontera, donde permanece actualmente y a pesar de los sacrificios que hago por rescatarlo, no he podido conseguirlo.
En mi marcha por el Departamento de Pichucalco tuve que atravesar el de Mescalapa donde encontré al llamado Coronel Edmundo Osorio, que se acababa de levantar en armas. Le hice ver los ideales nuestros y habiéndome jurado defender el Plan de Ayala, lo incorporé á mi columna continuando mi camino para Pichucalco, llegando a Ixtacomitán, pueblo que dista 10 kilémetro desde ese plaza, adonde dispuse y ordene la marcha por la noche a Pichucalco para caerle al enemigo al amanecer, pero desgraciadamente los carrancistas tuvieron noticia de mi aproximación y salieron a mi encuentro teniendo el primer contacto a medio camino a la madrugada, viéndome obligado a replegarme a Ixtacomitán y esperar al enemigo que me atacó a las siete de la mañana el 5 de Agosto, pero logré retrocederle derrotándolo completamente. En esos momentos disponía perseguir al enemigo, cuando se me dío aviso de un complot que Osorio había tramado contra nosotros por lo que determiné desarmarlo a él con todos los suyos, motivo por el cual suspendí momentáneamente mi avance á Pichucalco.
Osorio, hacendado del Departamento de Mescalapa, se había levantado en armas en combinación de los felicistas, pero habiéndole descubierto muy pronto su traición, le desarmé en la hacienda “La Libertad,” distante 30 kilómetros de Pichucalco, permaneciendo ahí por espacio de 15 días.
Sabedor de que existían en el Departamento Y Tabasco, revolucionarios encabezados por los jefes Ramón Ramos y Juan Hernández, procuré a toda costa ponerme en contacto con ellos. Dichos Jefes están levantados en armas desde 1910 y aunque no tenían bandera definida comprendí que peleaban por la redención de la clase menesterosa, así es que no vacilé ni un solo momento en invitarles para que tuviéramos unas conferencias y de ésta manera atraerlos a nuestra causa.
No bien mandado los correos cuando el voluntariamente el Coronel Hernández se presentó en mi campamento de “La Florida,” donde se le hizo una cariñosa recepción por parte de mis fuerzas. En las primeras impresiones que cambié con él, comprendí que era un hombre humilde, completamente, sin ambiciones bastardas, por lo que me inspiró una confianza absoluta y por lo tanto empecé desde luego á explicarle cuáles eran los motivos e ideales del Zapatismo, manifestándole a la vez, demás, la misión que me había Ud. Conferido y cuando se sercioró bien de cuales eran nuestros ideales, con verdadero gusto hizo la protesta del Plan de Ayala, en unión de su oficialidad (de al cual mando copia) adhiriéndose por lo tanto al Ejército Libertador por lo que tuve a bién extenderle su nombramiento como Gral. Brigadier y darles despachos firmados por mi a todos sus oficiales, quedando desde luego incorporados a mi Brigada. Esa misma fecha ascendí a Gral. Brigadier por su fidelidad y buenos servicios prestados a la causa al coronel Rodulfo Gamboa.
Luego que el Gral. Hernández regresó por orden mia a sus campamentos, llevándose al felicista de Osorio en calidad de prisionero, empesó a sufrir deserciones de parte de algunosde sus oficiales, encabezados por Osorio, que se fugó siendo en su totalidad hacendados que se le habían incorporado únicamente por estar sentidos con los carrancistas que habían puesto en libertad a sus sirvientes y luego que vieron que los principios por los que peleaba el referido Gral., después de conferencias que tuvo conmigo eran contrarios a sus aspiraciones, lo traicionaron, quedando únicamente con soldados pertenecientes en su totalidad a la clase pobre; más no por esto desmallado sino que por el contrario sigue peleando con mas fé porque la gente que antes tenía se le han depurado, quedándole los verdaderos revolucionarios.
El C. Gral. Ramón Ramos, oriundo del Estado de Tabasco, abrazó con verdadero entusiasmo las armas en 1910, por circunstancias especiales, el Gral. Ramos se retiró a la vida privada al triunfo del Sr. Madero. Viendo el mencionado Gral. Que todas las promesas de la revolución e 1910 había fracasado, burlándose de ésta manera el Sr. Madero del pueblo, que supo elevarlo á la Presidencia, volvió a empuñar las armas a raiz del cuartelazo dado por el traidor Huerta y engañado por Carranza tomó participio en las fuerzas de éste, pero viendo que los carrancistas seguían las huellas de todos los gobiernos que han esclavizado al pueblo, se volvió a lanzar a la lucha abiertamente contra él, orientándose de una manera definitiva con mi llegada a estos lugares. Con misma fecha que ascendí al Gral. Gamboa y al Gral. Hernández mandé nombramiento de Brigadier al Gral. Ramos los mismo que despachos para su oficialidad.
En días pasados llegó a este Campamento el Tnte. Coronel José María Luna, a quien mandé especialmente a entrevistar al Gral. Ramos, dándole las instrucciones que tuve a bien mandarlo así como ejemplares del Plan de Ayala, para que los hiciera circular en la zona que opera. El Tnte. Cor. Luna me trajo correspondencia y documentos que demuestran palpablemente el carácter del Gral. Ramos, humilde de nacimiento, sin ninguna instrucción, valiente hasta la temeridad y verdadero ciudadano Mexicano que se ha sabido identificar ante mí como un verdadero luchador de las sagrada causa que defendemos.
El Tnte. Cor. José María Luna de Tabasco y sobrino del Gral. Ramos ha estado luchando desde hace mucho tiempo por la misma causa, quien está a mi lado y es uno de tantos Jefes que prestan muchas esperanzas.
Hasta ahora mi Gral. me parece que el destino empieza a recompensar nuestros sacrificios, pues después de muchas traiciones y penalidades infinitas que han venido depurando mis Jefes y soldados me he venido a encontrar con un grupo de hombres netamente Zapatistas y que tienen fé ciega en nuestra causa y se sienten orgullosos al morir por ella. Puedo asegurar a usted que entre todas mis fuerzas cuento con poco más de dos mil hombres siendo los principales Jefe, los Grales. Gamboa, Ramos y Hernández, coronel Fidel Ramos, Tenientes Coroneles Cleofás Hernández, hermanos Montecinos, José María Luna, Sebastián Fones, Israel de Dios y Froylán Flores y otros muchos como usted verá e la protesta del Plan de Ayala que le adjunto.
Por no creerlo prudente no digo a usted las operaciones militares que voy a efectuar éste año, teniendo la seguridad de dominar los estados que esa superioridad tuvo a bien encomendarme. Mando a usted dos decretos uno sobre los papeles de Carranza y otro respecto a la repartición de tierras en los estados de mi jurisdicción que he expedido apegándome a los ideales del Plan de Ayala.
Viendo que el enemigo se acumuló en gran número en la plaza de Pichucalco, decidí regresar a la Frailesca, para recoger el resto de mis fuerzas y atacar la plaza de Tuxtla Gutiérrez, pero la fatalidad vino a hacer que mis brazos derechos, los Grales. De la Garza y Durán fueron fueron villanamente traicionados por el picaluga * de Castillo, marchando así a mi querido Edo. donde jamás había existido un traidor, pero nosotros juramos a usted mi Gral. reivindicar a nuestro Edo. a la marcha que le dieron los esbirros científicos de Castillo, Castañón y Fernández.
Solamente la fé ciega que tengo a la causa que perseguimos pudo hacer que sufriese este descalabro, que para mi ha sido el dolor más grande del mundo; mis jefes oficialidad y toda mi tropa recibieron un golpe muy rudo al enterarse de la traición de lo que científicos y hacendados. Pues en los pocos meses que tenían mis jefes de estar operando en el Edo. el Gral. de la Garza se había conquistado la simpatia de todos nosotros por su valor, arrojo y actividad en las operaciones militares y el Gral. Durán que se identificaba en su manera de obrar, con la clase menesterosa se llevaba todas las simpatias del pueblo tras él. Y los hombres únicos fieles que permanecieron a mi lado luchando siempre con arrojo llegando a vencer después de miles de dificultades en la travesía a ésta, me los arrebató el destino. El pueblo de la Frailesca al verme con el resto de mis fuerzas se sintieron completamente conmovidos al participarme el asesinato del Gral. de la Garza, jurándome a la vez que me acompañarían hasta vencer o morir.
El Gral. Rodulfo Gamboa me manifestó que toda su familia estaba en poder de los felicistas y se les amenazaba si él no se pasaba inmediatamente con ellos. Mi Gral. me dijo: mi único amor en la vida es mi hijo y mi sra. Que están en estos momentos en rehenes y tal vez sacrificados por nuestros enemigos, pero me impone el deber de mexicano pelear por la redención de nuestro querido pueblo, creando así nuestra patria, para que mañana o pasado mi hijo con orgullo pueda decir que su padre jamás ha sido un traidor; que hoy más que nunca se sentía con valor de seguir ésta lucha porque convencido de los ideales del Plan de Ayala, quería vivir únicamente pára pelear por la sagrada causa.
Todos los felicistas al saber mi aproximación, corrieron como gamos a las frontera pudiendo hacerles algunos prisioneros, quitándoles armas y caballos y desde ésta vez he seguido una nueva lucha entera y franca contra los eternos enemigos de nuestra causa, los científicos y hacendados y yo con todos los mios nos consideramos felices con el hecho de atacar los felicistas. Jamás he peleado con la fé y entusiasmo que lo hago hoy pues considero al felicismo como nuestro futuro enemigo. De la Frailesca retorné al Departamento de Mescalapa dominándolo completamente por espacio de cuatro meses, donde repartí las haciendas existentes a los pobres yendose los hacendados a incorporarse unos con Carrnaza y otros con los felicistas o llamados villistas, estableciendo mis campamentos en lugares completamente inaccesibles para el enemigo , colindando de esta manera con los Edos. De Chiapas, Tabasco, Oaxaca y Veracruz. Están de cierta manera establecidos mis campamentos, que cualquiera que sea el número del enemigo nunca podrá salir de aquí en caso de que llegasen a entrar.
En meses pasados el enemigo vino con mucho entusiasmo a atacarme á Mescalapa, pero por más que hice para que me creyeran derrotado y hacerlos entrar de ésta manera a mi guarida no lo pude conseguir.
Adjunto a usted plano detallado de mis campamentos y los enviados le dirán á usted los detalles que omito decirle.
A cada uno de mis soldados les he dado su parcela de terreno a fin de que lo trabajen mientras estamos en los campamentos teniendo además sus armas.
Todos los días se les dá instrucción militar a fin de desciplinarlos lo que me ha dado un éxito completo, pues nada menos hace seis días mandé al Gral. Gamboa al mando de las fuerzas a atacar la plaza de Quichula y verdaderamente quedé admirado del valor y disciplina de mis fuerzas, que por medio de los movimientos que ejecutaron con una precisión matemática lograron poner en vergonzosa fuga a los carrancistas quitándoles armas, parque, caballada y hacerles algunas bajas, después de un ligero tiroteo.
Con esto mi Gral. termina éste ligero informe donde verá Ud. mis trabajos hechos en favor de nuestra causa y sí como espero son de su aprobación crea Ud. que me encontraré verdaderamente felíz; y si no suplico á Ud. me de las instrucciones necesarias, a fin de encaminar mis pasos coronando de ésta manera el éxito de nuestros esfuerzos, con la pronta realización de nuestros ideales.
Aprovecho ésta oportunidad para hacerle presente mi subordinación y respecto.
Campo Revolucionario de Pozo Colorado as los 25 días del mes de Diciembre de 1916. El Gral. de Brigada Cal y Mayor.
Es copia de su original.
Benjamin, Thomas
UNA HISTORIA POCO GLORIOSA: INFORME DE RAFAEL CAL Y MAYOR AL GENERAL EMILIANO ZAPATA, 1917
Historia Mexicana
Revista Trimestral publicada por el Centro de Estudios Históricos
El Colegio de México
Vol. XXXII, Abril-Junio 1983, No. 4, Pp. 597-620.
México, DF., 1983
PLAN DE AYALA
12º. Una vez triunfante la Revolución que llevamos a la vía de la realidad, una junta de los principales jefes revolucionarios de los diferentes Estados, nombrará o designará un Presidente interino de la República, que convocará a elecciones para la organización de los poderes federales.
13º. Los principales jefes revolucionarios de cada Estado, en junta, designarán al gobernador del Estado, y este elevado funcionario, convocará a elecciones para la debida organización de los poderes públicos, con el objeto de evitar consignas forzosas que labren la desdicha de los pueblos, como la conocida consigna de Ambrosio Figueroa en el Estado de Morelos y otros, que nos condenan al precipicio de conflictos sangrientos sostenidos por el dictador Madero y el círculo de científicos hacendados que lo han sugestionado.
Alexander Sutulov, Equestrian series, Emiliano Zapata
http://www.museumofcomputerart.com/sutulov/sutulov02.htm
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